martes, 18 de septiembre de 2012

El re-re-regreso y el panfleto

La NBC siempre se ha caracterizado por emitir las comedias más inteligentes, originales y aclamadas de la televisión americana en abierto. Friends, Frasier, Seinfield, Community, Parks and Recreation, 30 Rock y The Office son solo algunos ejemplos de ello. Sin embargo, hace ya más de un lustro que la cadena navega a la deriva y no consigue que sus series y programas llamen la atención de la audiencia. Por eso, el canal ha apostado este año (y ya lo hizo el pasado con Whitney y Up All Night) por un montón de comedias más asequibles para ver si así logra atraer al gran público. Entre ellas encontramos Animal Practice, una serie protagonizada por un veterinario y un mono que ni me voy a molestar en ver, y Go On y The New Normal, que ya han emitido sus dos primeros episodios.

Go On supone el tercer intento de Matthew Perry (Friends) de encontrar un hueco en la televisión después de trabajar en Studio 60 y Mr. Sunshine y que ambas fracasaran. La serie cuenta la vida de un locutor de radio que pierde a su mujer y debe asistir a terapia de grupo para poder volver a su trabajo. En la serie, Perry está tan histriónico como acostumbra, y vuelve a hacer gala del sinfín de muecas y extraños gestos faciales característicos de Chandler Bing, demostrando una vez más que como actor es bastante limitado.

Lo curioso de la serie es, de hecho, que Matthew Perry es su principal reclamo mientras que el personaje que interpreta es probablemente el más cargante. Ryan, que así se llama, se niega a reflexionar sobre sus sentimientos o a aceptar su dolor, mientras se dedica a mirar por encima del hombro al resto de miembros del grupo (a cada cual peor de la cabeza) y a tratar de solucionar sus problemas por la vía fácil. No es que sea odioso, pero el hecho de que aparezca en todas y cada una de las escenas de la serie no ayuda a que sea fácil de digerir. Aun así, tiene buena química con la consejera del grupo, interpretada por Laura Benanti, y todavía están a tiempo de perfilar su personaje.

Creo que a Go On le beneficiaría mucho convertirse en algo más coral, y seguramente es lo que acaben haciendo con ella, así que tengo bastantes esperanzas, sobre todo porque a casi todas las comedias grandes de la NBC les costó unos episodios formarse completamente. Al menos los dos capítulos emitidos hasta la fecha han tenido situaciones divertidas (la competición por ver quién es el más desgraciado, la inmensa colección de gatos), que ya es más de lo que se puede decir de la siguiente comedia.

The New Normal, por su lado, cuenta el intento de una pareja homosexual de convertirse en padres utilizando una madre de alquiler. Pretende ser ácida a la par que entrañable, y a priori podría parecer el estreno menos simple de los que propone la NBC. El problema de esto es que su creador -junto a Allison Adler- es Ryan Murphy (últimamente no paro de hablar de él, y eso que aún no se ha estrenado American Horror Story: Asylum), que utiliza la premisa como un panfleto en defensa de los derechos de los homosexuales. Y es que Murphy no parece darse cuenta de que la labor social que cree estar desempeñando no es necesaria. No porque no quede gente intolerante en el mundo (que aún queda mucha y por eso la serie no se va a poder ver en Utah), pero por ejemplo Modern Family ya cuenta con una pareja gay criando a una hija entre sus protagonistas. Y la serie, al presentarlo como algo completamente normal y que todo el mundo acepta, seguro que está haciendo más por la integración que cualquier alegato del creador de Glee.

La serie parece que va a tratar de crear una especie de núcleo familiar entre la pareja protagonista, la madre de alquiler y la hija de ésta (además del que viene en camino), con suegra homófoba y racista incluida (Ellen Barkin). De momento, los dos primeros episodios han servido para presentar la trama y los personajes, pero no han tenido momentos cómicos especialmente destacables, si obviamos el cameo de Gwyneth Paltrow y la referencia a The Good Wife. Le daré cierto margen, pero la experiencia ya nos ha demostrado que los productos de este señor tienen una fecha de caducidad muy temprana, y mientras que otras de sus series “brillaron” desde el piloto, ésta parece que no termina de arrancar.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Los coristas del mal

Hace tiempo que Glee, la comedia adolescente de Ryan Murphy (Nip/Tuck, American Horror Story, Popular), perdió el toque que hizo que durante su primera temporada la crítica y el público se rindiesen a sus pies. Si empezó versionando a Queen y a Journey, últimamente abundaban más los temas de Selena Gomez o The Wanted. Además, pasaron de parodiar los tópicos del género teen a simplemente utilizarlos, por lo que su calidad es difícilmente reivindicable. Otra cosa es que la ficción siguiese siendo más o menos entretenida, que estuviera por ahí Dianna Agron (cuyo personaje ha sido maltratado, vapuleado y ridiculizado por los guionistas de todas las maneras posibles) y que Gwyneth Paltrow hiciese cameos durante la segunda temporada. Sea como sea, la serie se ha plantado en la cuarta temporada y aquí sigo yo para verlo. Y, la verdad, no ha empezado nada mal.

Vale, sí, sigue teniendo sus cosas: quiero asesinar cruelmente a Unique y sus dejes de negra chunga, y entre los temas que interpretaron se encuentra el odioso Call Me Maybe con el que la radio nos ha martilleado todo el verano o un cruce entre Americano y el vergonzoso Dance Again de Pitbull y JLo, pero lo solucionaron al final con una versión de Imagine Dragons y Chasing Pavements (la voz de Marley, la chica nueva, es buenísima, por cierto). 

Sea como sea, y dejando a un lado las canciones, el episodio de regreso es bastante potable. Quizá no para tirar cohetes, pero no ha sido el caos que me esperaba. Me explico: al final de la temporada pasada, los personajes se desperdigaron por la geografía estadounidense tras acabar el instituto, pero Ryan Murphy decidió mantener a todo el reparto original en la serie, así que es de esperar que nos vayan mostrando cómo transcurre la vida de los personajes antigüos intercalándolo con la rutina de Ohio. Y este esquema podía resultar desastroso y la serie corría el riesgo de convertirse en un batiburrillo de historias absolutamente inconexas, pero de momento han conseguido que las vidas de Rachel y Kurt sigan vinculadas al McKinley de manera bastante orgánica.

Los personajes nuevos, por otro lado, son suficientemente interesantes por el momento. Bueno, en realidad es Marley la única que me interesa, porque el hermano de Puck es a todas luces una nueva versión de éste y la animadora viene a ser, como la define Sue, una joven Quinn sin embarazos, trastornos de personalidad ni sillas de ruedas. Puede convertirse en una versión mejorada si no se les va la cabeza a la hora de desarrollarla, pero la actriz no tiene ni la mitad de carisma que Agron. Marley, en cambio, es algo diferente del personaje que viene a sustituir (Rachel), y eso le suma puntos. Además, la trama de su madre en el episodio ha sido muy emotiva.

En resumen, que de momento no voy a dejar Glee porque no ha sido vergonzosa, porque la parte de la trama que transcurre en Nueva York puede ser interesante y porque puede que se marquen una temporada más decente que las dos anteriores. El punto de partida es bueno, así que esperemos que no se pierdan y dejen de ser un procedimental sentimental, pero es difícil confiar en ese genio malvado que es su creador.

martes, 11 de septiembre de 2012

La khaleesi de España


Hacer una serie de televisión sobre un personaje tan significativo en la historia española como Isabel de Castilla es sin duda un proyecto ambicioso que en nuestro país sólo tenía cabida en TVE. En los últimos años, Canal+ ha hecho sus pinitos en la producción propia con ficciones más arriesgadas de lo que acostumbramos a ver en las cadenas generalistas (Crematorio, ¿Qué fue de Jorge Sanz?), pero no creo que pueda permitirse económicamente una serie de televisión de tal envergadura. Lamentablemente, y a pesar de que como muchas veces se ha dicho la historia de nuestro país es amplia y da para contar muchas historias (sobre todo de intrigas palaciegas, como la que nos ocupa), Isabel ha nacido muerta, y muy bien tiene que ir en audiencias (de momento el estreno ha sido excelente) para que una TVE marcada por los recortes y el déficit pueda permitirse renovarla por una segunda temporada.

Sea como sea, de momento tenemos trece episodios por delante que prometen bastante, por varias razones. Desde luego, ya se han hecho series en nuestro país con mejor producción (Imperium, sin ir más lejos, que fracasó la semana pasada en su estreno), pero los decorados de cartón-piedra de Isabel dan el pego bastante bien y la ambientación está muy conseguida, así que podemos aprobar el esfuerzo de producción. Entre el reparto, en cambio, hay de todo: Michelle Jenner consigue dotar de una fuerte personalidad a su personaje, a pesar de lo poco que muchos esperaban de ella; Ginés García Millán se mete muy bien en la piel de Juan Pacheco y Pablo Derqui encarna bastante bien las inseguridades de Enrique IV. Por otro lado, los demás actores tienden más bien a recitar sus líneas de diálogo, tratando de dar solemnidad a cada sentencia, que a actuar de verdad, y Victor Elías está vergonzosamente encasillado en su papel de Los Serrano.

Argumentalmente, la serie no tiene mucho que envidiar a otras ficciones de este corte. En el primer episodio los acontecimientos se suceden a gran velocidad, presentándonos a los personajes y los terrenos en los que se moverá esta primera temporada: acabará con la coronación de Isabel como reina y mientras tanto veremos la conspiración a la sombra contra su hermanastro el rey Enrique IV. Es de agradecer que los guiones, como comentaba Javier Olivares (director argumental de la serie) en GuionistasVLC, se esfuercen en buscar la personalidad y las emociones de los personajes a raíz de los hechos. Sí, en teoría esto es inventar, ya que no sabemos realmente qué pensaban o sentían los personajes históricos en cada momento, pero también una forma de hacer más cercana la historia al espectador. Y al menos con Isabel, Enrique IV y Juana de Portugal lo consiguen, pues son personajes bastante verosímiles.

Será interesante ver el proceso de maduración de Isabel y cómo su personalidad va adquiriendo cada vez más matices. Además, la tortuosa historia de esta mujer promete que el ritmo de las tramas no decaerá y algunas de las cosas que comenta Olivares en su entrada tienen buena pinta. Isabel no es ninguna maravilla: ciertas cosas como el uso de la música o lo ya comentado (interpretaciones, producción) chirrían bastante, pero los guiones están bien escritos y ser entretenida lo es un rato, al menos en mi opinión. Si durara un poco menos se agradecería, pero esos 70 minutos no se hacen pesados, así que de momento me la quedo. “¡Somos hijos de reyes y mi hermano no va a limpiar nada!”

lunes, 10 de septiembre de 2012

El otoño no está tan mal

Llega el otoño, empieza a hacer frío (lo cual es bien), toca volver al trabajo o a las clases (lo cual ya no mola tanto) y el cambio de tiempo puede dejarnos hechos polvo física y psicológicamente. Pero no hay de qué preocuparse, al menos si eres seriéfilo, porque la llegada del otoño significa también el regreso de muchas de las series que nos han dejado todo el verano con síndrome de abstinencia. En mi caso, los regresos que me tienen en ascuas son los siguientes (y sobra decir que hay spoilers de cada serie en su respectivo párrafo).

HOMELAND: La serie que le va a conseguir a Claire Danes un Emmy regresa el 30 de septiembre después de un final de infarto tras el que no nos queda claro cómo se volverán a cruzar las vidas de Carrie y Brody. Lo que está claro es que la serie es de ellos dos y de nadie más. Ellos son el centro y el brutalísimo trailer de la nueva temporada lo deja claro a ritmo del Every Breath You Take de Scala & Kolacny Brothers que tan bien le funcionó a la primera temporada de Downton Abbey. Con esa música, tremendamente apropiada para la situación de los dos protagonistas, que “se vigilan”, nada podía salir mal: el tráiler nos muestra a Brody avanzando en su carrera política y a una Carrie que sigue pasándolo mal debido a su enfermedad. ¿Está Brody del lado de Abu Nazir o es un farol? ¿Recordará Carrie que Brody conocía al hijo de Nazir? No queda nada para descubrirlo.

ONCE UPON A TIME: La revelación de las networks la temporada pasada se despidió con un episodio final que también prometía un cambió en el desarrollo de la historia. Con la llegada de la magia a Storybrook y la ruptura de la maldición, la dinámica y las relaciones entre los habitantes puede cambiar considerablemente. Si además me entero de que el Capitán Garfio, uno de los mejores villanos de la historia de Disney in my opinion, va a llegar al pueblo (y todo apunta a que va a chocar con Mr. Gold), las ganas aumentan más aún.

THE GOOD WIFE: Alicia Florrick no tiene claro qué hacer con su vida, o eso nos dieron a entender en el final de la tercera temporada. De todas formas, la “estabilidad” con la que nos dejó Alicia en mayo contrasta con el cliffhanger que protagonizó Kalinda esperando a su ex marido. Cuesta imaginarse cómo debe ser éste para que Kalinda Sharma le tenga miedo, pero está detrás de la puerta y la amenaza es inminente. Además, el tráiler nos promete que ésta y Cary van a volver a las andadas, y eso significa que es la serie que más ganas tengo de que vuelva. Porque seguirá siendo indiscutiblemente la mejor en mi ranking personal.

FRINGE: La cuarta temporada de Fringe no fue la mejor (de hecho, hasta la primera me gustó más), pero tampoco es para echársela de comer a los cerdos. A pesar de las trampas de los guionistas y el caos con el que desarrollaron algunas cosas, la serie me siguió gustando el año pasado porque no dejó de ser entretenida y de plantear temas humanos muy interesantes a raíz de sus tramas. El problema es que, por la forma en que acabó, con el futuro distópico de los observadores como único cliffhanger, me da la sensación (y creo que no soy el único) de que esta quinta temporada incluso sobra. Eso no significa que no vaya a disfrutar con lo que me den, que lo haré, pero no sé si me convencerá esta trama futurista. Esta no es mi Fringe de siempre, y el hombre es un animal de costumbres.

COMMUNITY: Mientras que creemos que Parks and Recreation, Modern Family y demás comedias volverán esta temporada al mismo buen nivel de siempre, lo de Community sigue siendo un misterio puesto que no sabemos cómo la llevarán los nuevos showrunners. Yo era de los que dudaba, pero visto lo visto (prometen una convención del Inspector Spacetime y un homenaje/parodia a Los Juegos del Hambre), puede que sigamos teniendo la misma comedia friki de los últimos años. Ojalá que así sea.

DOWNTON ABBEY: Los Grantham vuelven con más drama en su nueva temporada. Lo último que vimos de la serie fue el entrañable y edulcorado especial de navidad, que de tan cerrado que era quitaba un poco las ganas de más. Pero para eso están los trailers, para ponernos los dientes largos, y el de Downton promete que el compromiso de Mary y Matthew no va a ser un camino de rosas, que los Grantham van a atravesar problemas económicos (con lo que eso supondrá para la condesa viuda), que Anna y Bates van a seguir separados por las rejas de la cárcel y que los enfrentamientos entre Maggie Smith y Shirley McLaine van a estar a la orden del día. Se avecina drama del intenso.

DEXTER: No he acabado aún de ver la sexta temporada, que me está pareciendo nefasta (se han olvidado de la evolución anterior del personaje, está siendo aburrida y Debra es de lo poco salvable). Pero ya he leído cómo acaba, es decir, con el momento que todos estábamos esperando desde que empezó la serie. Nada más que por eso, la séptima temporada se presenta muy interesante, y hablamos de un punto de partida que los guionistas no pueden ignorar así como así (o no deberían, que ya los conocemos). Además, ¡sale Yvonne Strahovski de Chuck! Pues eso, que ya hay ganas de domingos seriéfilos y Dexter promete volver a ser tan estimulante como hasta hace poco (a mí la quinta temporada sí me gustó).

Por supuesto, también tengo ganas de que vuelvan Parks and Recreation, Modern Family, New Girl, 2 Broke Girls, Revenge, Cómo conocí a vuestra madre (sí, aún me gusta) y seguiré viendo Glee y The Big Bang Theory. Además, Doctor Who ya ha vuelto y empezaré a ver la temporada el próximo domingo por motivos extra-seriéfilos. ¡Que viva el otoño!

lunes, 3 de septiembre de 2012

Cine de verano


Pixar no es un director. Parece una tontería decirlo porque es obvio, pero el hecho de que la compañía, a lo largo de su ya no tan corta vida, haya lanzado películas de animación una tras otra de calidad más que notable y sin sonoros tropiezos (salvo Cars 2 el año pasado) ha hecho que se valore el trabajo dentro de la organización como se examina la carrera de un director. Y, a pesar de que son muchos los trabajadores que participan en todos los proyectos de la casa, Los Increíbles, Buscando a Nemo, Up y Brave son obras de directores distintos, cada uno responsable en última instancia del resultado final. Porque una cosa es que Pixar, como empresa, exija que sus películas sean bastante más que una fuente ilimitada de ingresos por merchandising y conceda libertad creativa a sus empleados para desarrollar proyectos arriesgados, y otra muy distinta que debamos esperar el mismo riesgo creativo en todos los productos que se gestan bajo sus infraestructuras.

Porque Brave, el estreno de la factoría de este verano, puede ser más clásica que algunas de sus predecesoras, con una historia ya contada y un final bastante previsible, pero es tan equilibradamente emotiva y divertida como cabría esperar. Con ella, Pixar se vuelve a proclamar la reina del humor físico, con escenas simples y absurdas con las que no se puede evitar soltar una carcajada. Además, cuenta con diálogos bastante ágiles y bien escritos, y la relación entre Mérida, la protagonista, y su madre, deja unos cuantos momentos que consiguen conmover al espectador sin caer en largos discursos ni en sensiblería barata (hay una escena especialmente inspirada en la que las protagonistas se hablan sin hablarse). En resumen, que tiene todos los ingredientes para gustar. Por otro lado, el perfeccionismo técnico de la animación cada vez va a más, y en Brave se observa en la magnificencia de los planos irlandeses, el hipnótico pelo de Mérida o la animación de los osos que aparecen en la película. Una delicia visual incontestable.

Y no nos engañemos, las premisas pueden ser más o menos locas (una empresa de monstruos que asustan a niños a domicilio, un anciano que quiere atravesar el mundo haciendo volar su casa con un puñado de globos o una rata que quiere ser cocinera), pero al final todas las historias de Pixar son cuentos sobre la superación personal. Y como este tipo de historias, si están bien hechas, funcionan a la perfección y conectan con el público, las películas de Pixar siempre están entre lo mejor del año. Aunque he de confesar que no tengo fe ciega en ellos, y el anuncio de las nuevas secuelas/precuelas de Monstruos S.A. y Buscando a Nemo me da un poco de miedo. A ver qué les sale.

Que Shakespeare in Love ganase el Oscar a la mejor película (y directamente arrasase) en 1998 acabó haciéndole más mal que bien a John Madden. No solo la película recibió un backlash tremendo, sino que el propio director no ha vuelto a trabajar en ningún proyecto lo suficientemente ambicioso como para acabar de hacerse un nombre. En vez de eso, se ha dedicado a hacer películas más sencillas, como Proof (que a mí me encanta porque Gwyneth Paltrow haciendo de loca desquiciada siempre es un plus) o La Deuda (aquel interesante thriller de espías ambientado en los años sesenta), que no aspiran a más que entretener (o recaudar, según se mire). Su apuesta segura de este año era El exótico Hotel Marigold, una dramedia sobre la tercera edad que cuenta el viaje de jubilación de unos ancianos a un destartalado hotel de la India.

Y la verdad es que el único adjetivo que se me ocurre para describir a la película es “decepcionante”. Y es triste que una película con unas aspiraciones tan limitadas decepcione. El final de las historias es muy previsible, cosa que no importaría demasiado si el desarrollo fuese medianamente divertido, pero tuve que luchar contra el sueño para acabar de verla. De hecho, John Madden le debe muchísimo a Maggie Smith, la lanzadora de one liners por excelencia (últimamente la hemos visto hacerlo en Downton Abbey, en Gosford Park y hasta en el cierre de Harry Potter, en el que su personaje aparece cinco minutos y roba la función). La veterana actriz tiene un personaje carismático y divertido que levanta un poco el nivel medio de la película. Por lo demás, nos encontramos un reparto estelar desaprovechado en un resultado final muy mediocre.

martes, 28 de agosto de 2012

Tu historia completa


Nota: En esta entrada hablo (sin grandes spoilers) del tercer episodio de Black Mirror. Los episodios de esta miniserie se pueden ver de manera independiente, aunque los tres son muy recomendables.

La serie británica Black Mirror, que se emitió anoche (del tirón) en España por Cuatro, fue alabada de manera unánime por los críticos televisivos debido a su fuerte crítica social y su agorero punto de vista con respecto a las nuevas tecnologías. El guionista Charlie Brooker consiguió, en el primer episodio (Nathional Anthem), dibujar un sonrojante espejo en el que los espectadores pudiesen mirarse, y en el segundo (15 millions of merits), recrear un futuro distópico, agobiante, terrorífico y por desgracia nada descabellado. Pero anoche, en su emisión en televisión, aproveché sobre todo para volver a ver el que sin duda es mi episodio favorito de los tres, The entire history of you. Y visto ya por tercera vez, sigue suscitando en mí tantas sensaciones que no me he resistido a hablar por aquí de lo genial que es.

En un futuro no demasiado lejano, los humanos han inventado un dispositivo, el “grano”, que se incrusta en nuestra cabeza y graba todas nuestras vivencias para que podamos rebobinar lo almacenado siempre que queramos revivir un momento concreto o compartir una experiencia con alguien. Aparentemente, las ventajas de este dispositivo son innegables, y se implanta ya por defecto en todo el mundo desde que nace, pero Tu historia completa, como se ha titulado aquí, dista de navegar por la superficie a la hora de mostrarnos este hipotético futuro. Liam, el protagonista, se nos presenta como un tipo bastante paranoico que, tras la aparición repentina de un ex de su mujer, comienza a sospechar que éstos pueden seguir teniendo algo a sus espaldas.

Precisamente me gusta tanto este episodio por la naturaleza paranoide del protagonista. Me siento completamente identificado con él, y aunque se nos muestra como poco menos que un perturbado, no puedo evitar la sensación de que en su lugar actuaría exactamente de la misma manera. De hecho, lo que no comprendo es que viviendo en ese contexto alguien pudiera no estar obsesionado con ciertos hechos de su pasado.

¿Cuántas veces nos hemos descubierto a nosotros mismos repasando una conversación horas desués de que ésta ocurra? Nos hemos replanteado lo dicho, desearíamos no haber hablado de cierta manera y exageramos o minimizamos las reacciones e intervenciones de nuestro interlocutor según la impresión que queramos causar en él y la que creemos haber causado: momentos incómodos en los que nos gustaría que la tierra nos tragara, situaciones públicas en las que hemos hecho el ridículo o conversaciones en las que podríamos haber respondido más ágilmente... Con el grano que nos presenta Black Mirror, podríamos revivir esos momentos una y otra vez sin distorsión posible. Frases que duelen como un cuchillo repitiéndose indefinidamente en nuestra mente mientras no somos capaces de dejar de torturarnos con ellas. Sin el valor suficiente para borrarlas.

The entire story of you parece mostrarnos lo que ocurriría de ser perfecta nuestra memoria, pero para no faltar a la tónica habitual de la serie, es esencialmente una crítica a la tecnología. No tanto en hasta qué punto estamos dispuestos a dejar que ésta invada nuestras vidas (como ocurre en el segundo), sino hasta qué punto la ha invadido ya. Si bien no disponemos de un “grano” en nuestra retina que permita grabar todo lo ocurrido, sí que mantenemos conversaciones a través de redes sociales, móviles y chats, utilizando mensajes escritos que quedan archivados y releemos una y otra vez. Compartimos fotos y nos lamentamos al día siguiente del aspecto que teníamos o del patético espectáculo que dimos en aquella situación, mientras quien quiera puede echar mano de nuestro perfil para recrear estos instantes.

Como además el episodio no se limita a la crítica sino que cuenta en apenas 45 minutos una historia tan humana que resulta dolorosa (el montaje final es magnífico y los actores hacen un grandísimo trabajo), sigue impactando por más veces que se vea (cosa que no ocurre, por ejemplo, con el primero). Ahora que sabemos que Black Mirror no es una miniserie y que tendrá segunda temporada, esperemos que las nuevas historias que presente rayen a un nivel tan alto como esta. 

P.D.: Aunque la forma de emitirla de Cuatro (los tres episodios en una sola noche) me parece mal como a mucha gente,  sí que me parece razonable que hayan invertido el orden original en el que se emitieron en Reino Unido. El segundo episodio es más largo (y pesado) que el tercero, y poca gente habría aguantado hasta el final para verlo. Vamos, que se habrían perdido esta pequeña genialidad.

domingo, 26 de agosto de 2012

Carrie, Brody y el color amarillo


Nota: Spoilers de la primera temporada de Homeland.

En Homeland, el gobierno de los Estados Unidos ordenó la destrucción un colegio iraquí. Murieron ochenta y dos niños inocentes, entre ellos Issa, el hijo del terrorista Abu Nazir, que había desarrollado un vínculo muy fuerte con el sargento Brody, un marine retenido por Al Qaeda contra su voluntad. Probablemente este hecho, que demuestra que a pesar de su título Homeland es una serie muy crítica con la política anti terrorista de su país, sea el más significativo de toda la serie, pues se convierte en la motivación de Brody y en la obsesión de una Carrie completamente alterada por su trastorno bipolar.

Pero este mismo hecho sirve, al menos en mi caso, para que en Homeland no me importe lo más mínimo que los terroristas cumplan con éxito su objetivo, puesto que el gobierno estadounidense es tan despreciable como ellos. Sin embargo, la cabecera de la serie (que podrá irritarme bastante cuando la he visto más de tres veces, pero aun así es una genialidad) es vital para comprender a Carrie Mathison, que ha crecido expuesta continuamente al miedo al terrorismo. Por lo que le oímos a lo largo de los doce episodios de la primera temporada, Estados Unidos lo es todo para ella: el presidente es el líder del mundo libre y un ataque terrorista puede hacer temblar los cimientos del mundo entero.

Es por eso que Homeland, una vez acabado el juego de los primeros ocho episodios, en los que no teníamos aún claro si Brody era o no un traidor y la confusión conseguía crearnos casi la misma ansiedad que a Carrie, consiguió aburrirme. Los últimos episodios de la temporada (salvando el último), se me han hecho muy cuesta arriba y he tenido que acabar la temporada prácticamente un año después. Y es que el motor de este drama de Showtime son los dos personajes principales: Carrie Mathison y Nicholas Brody. Lo interesante no es ver cómo se desarrolla la conspiración, que confieso que me ha provocado más bostezos que otra cosa, sino cómo afecta todo al mundo interior de los protagonistas.

Damian Lewis y Claire Danes, por derecho propio, deberían dar sendos discursos en la próxima gala de los Emmy, porque no sólo han conseguido una química de lo más bizarra y genial, sino que individualmente han conseguido unos retratos de sus personajes impecables. Él, con la ambigüedad necesaria al principio y la humanidad que requería la recta final. Ella, contenida en su obsesión cuando la situación lo precisaba y desatada pero sin demasiados excesos a raíz de la decepción amorosa y la detonación de la bomba. Me cuesta admitirlo, pero se merece el Emmy aún más que Julianna Margulies y Michelle Dockery.

Por eso, Homeland se diferencia de otras propuestas como Rubicon no ya porque es mucho más dinámica (la serie de AMC era lenta hasta límites insospechados), sino porque mientras en Rubicon aquella conspiración de la que apenas sabíamos nada superaba a los personajes, Homeland es más bien la historia de dos personas con un gran bagaje emocional, que se atraen el uno al otro y cuya relación se enmarca en uno de los contextos más complejos posibles. Y pese a los abundantes momentos en los que todo me resultaba indiferente, bravo por ella.

P.D.: Eso sí, si me preguntáis, Rubicon me parecía mucho más fascinante.

jueves, 16 de agosto de 2012

El último interrogatorio de Brenda Leigh

Nota: Spoilers del final de The Closer.

Como ya se veía venir en cuanto anunciaron Major Crimes, el final de The Closer no es un final de serie como tal, pues lo único que han hecho ha sido despedir a Brenda Leigh Johnson y dejar en suspenso un par de tramas que se desarrollarán en el spin off. Ya hablaremos más adelante (de momento, ha emitido un único episodio) de Major Crimes, porque ahora es momento de comentar cómo se despidió Brenda de la televisión.

Y se despidió por todo lo alto, como merecía. A estas alturas era obvio que el personaje se enfrentaría a su némesis, Phillip Stroh (y no podía ser de otra manera). Lo que no era tan evidente era lo mal que lo iba a pasar Brenda para meter entre rejas al criminal que tantos años llevaba persiguiendo. En vez de conseguir una declaración en el interrogatorio, como acostumbra, Brenda tuvo que tomar “medidas desesperadas” que hasta la han obligado a cambiar de trabajo, uniéndose The Closer al “club de los ascensores” en el que ya están The Good Wife, Drive y Anatomía de Grey.

Y mejor, porque ya se iba mereciendo un respiro. El último año ha sido especialmente duro para Brenda, que ha tenido que hacer frente a una denuncia, una demanda colectiva, la enfermedad de su padre, la muerte de su madre, el estrés de saber que hay un topo en la división y la constante presencia de Sharon Raydor para asegurarse de que cumplía las reglas a rajatabla. Y la subjefa Johnson, acostumbrada como estaba a que el fin justificara los medios, a encarcelar a todo aquél que hubiese cometido un asesinato y a pasar por encima de la ley si era necesario, se ha encontrado al límite en la séptima temporada.

El hecho de que se cuestionase su forma de trabajar desde los juzgados fue además una forma honesta por parte de la serie de reconocer que la división de Grandes Crímenes de la policía de Los Ángeles trabajaba de manera muy poco ortodoxa y que en la realidad las cosas son muy distintas. The Closer se ha puesto en tela de juicio a sí misma antes de convertirse en otra cosa (porque ya nos han dejado claro que los interrogatorios no van a ser la clave de Major Crimes), y ha martirizado a Brenda, que nunca tuvo claro si hizo bien dejando bajar a Turell Baylor de aquel coche.

Y aunque sí que esta recta final se ha vuelto muy efectista, con una Brenda más desquiciada de lo habitual y un uso de la música y el montaje que tendía a dramatizar los diálogos, me ha dejado realmente satisfecho. Se ha profundizado en el personaje principal y en todos los aspectos de su vida mostrando que no quedaba otra para ella que abandonar la policía. Si no hubiese sido por su negligencia (luego vimos que podría haber vuelto si hubiese querido), seguramente habría dimitido voluntariamente.

Y esa escena final, con el bolso gigante lleno de dulces que el equipo regala a la subjefa y esos guiños al piloto, nos hace pensar en la evolución de la relación entre Brenda y éstos, que al principio la repudiaban y han acabado convirtiéndose en fieles compañeros. Una despedida emotiva y cargada de significado para un personaje que esperemos que al menos se deje caer de vez en cuando por Major Crimes en forma de cameos. Porque Brenda Leigh Johnson, con su sombrero y su bolso descomunales, su cajón lleno de caramelos, su acento sureño, su torpeza, su amabilidad sobreactuada y su astucia deja un hueco en la televisión que va a ser difícil de llenar.

lunes, 13 de agosto de 2012

Crímenes con clase



En uno de los episodios de invierno de esta última temporada de The Closer, se mostraba el homicidio que el equipo de Brenda Leigh Johnson tendría que investigar desde el punto de vista de quien lo cometía. La clave de las series procedimentales, al menos en teoría, es la intriga de saber quién y por qué cometió el crimen, y los interrogatorios y la búsqueda de pruebas conducen hacia esta revelación al final de los capítulos. Sin embargo, el episodio funcionaba como un reloj y dejó claro lo que distingue a The Closer de otras muchas series policíacas: se centra en la dimensión psicológica y emocional de los personajes episódicos y dibuja a los asesinos con bastantes grises.

En este sentido, puede recordar a la ya desparecida Caso abierto, aunque The Closer no recurre a los flashbacks como sí lo hacía la serie de la CBS y desde luego es mucho menos sentimentaloide. Por eso, en mi opinión, es uno de las mejores series policíacas que se han podido ver en la pequeña pantalla, y como ya casi no se puede hablar de ella en presente, porque esta noche emitirá su último capítulo en el canal TNT, quiero aprovechar para recomendar una vez más la serie a quienes no la hayan visto nunca.

The Closer destaca en primer lugar por su realismo. Es un realismo relativo, puesto que Brenda es capaz de utilizar la ley a su antojo y manipular a los sospechosos en un interrogatorio para conseguir una declaración (algo que le acaba pasando factura en su última temporada, por lo que la serie se ha convertido en algo todavía más redondo), pero los resultados de balística y las pruebas de ADN tardan en llegar, los ordenadores sofisticados brillan por su ausencia y los interrogatorios son primordiales a la hora de resolver un caso. Estos interrogatorios siempre han sido el plato fuerte de la serie y el medio de lucimiento de Kyra Sedgwick, ganadora y seis veces nominada al Emmy por este papel.

Sin embargo, ni el personaje central, que es sin duda la policía más imperfecta, humana, obsesiva y creíble de la televisión, ni la consistencia de los guiones son los únicos puntos que hacen destacar a The Closer: el plantel de secundarios y la dinámica de grupo son envidiables. Son muchos los procedimentales que echan todo el peso de la serie en sus personajes, pero al final la táctica ha acabado explotándoles en la cara: Bones resolvió la tensión sexual entre sus personajes de manera muy mediocre y por el camino se cargó también la chispa de los ayudantes del laboratorio, demostrando que sus casos no tienen y nunca tuvieron gracia; y algo parecido se puede decir de Castle, cuyos secundarios no pueden ser más random.

Algo que me llamó siempre mucho la atención de The Closer, además, es cómo los personajes se chocan por los pasillos, tropiezan, se interrumpen al hablar y se equivocan, aumentando la sensación de credibilidad. Esto en ocasiones también da lugar a episodios tan desternillantes como los de cualquier sitcom (Flynn y Provenza podrían protagonizar una comedia policíaca y todos seríamos fans). Y, como ya he comentado en alguna entrada anterior, introducir comedia sin que resulte forzado en una ficción a priori tan dramática siempre me parece algo muy difícil de hacer y digno de admirar.

Es normal que dé pereza ponerse con The Closer, y más ahora que está acabada, pero quienes la hemos seguido a lo largo de estos años la hemos disfrutado mucho. Personalmente, nunca he notado bajones de calidad reseñables y me parece que esta última temporada que está revalorizando al alza el conjunto. Aún no se sabe si Major Crimes (el spin off que mantendrá a prácticamente todo el reparto) será una digna sucesora (Sharon Raydor aún tiene mucho que demostrar), pero podéis empezar con ella, que también se estrena esta noche, y si os gusta lo que veis, puede que os animéis a darle una oportunidad a los crímenes de Brenda.

PD: Conociéndome, el blog estará un poco monotemático esta semana, que tocará hablar del final de la serie y del comienzo del spin off.

lunes, 6 de agosto de 2012

Buscando defectos desesperadamente


Nota: No iba a escribir nada de Prometheus, pero Internet me ha obligado. Ah, y la entrada NO tiene spoilers.

El hecho de que Prometheus sea una precuela de Alien, un clásico del cine de terror, ha hecho que se hable de ella en cualquier lado pese a su condición de blockbuster comercial. JotDown, uno de los nuevos medios más respetables del panorama español, no ha dedicado artículos a Los Vengadores o Los Juegos del Hambre (o al menos yo no he encontrado nada en el buscador), pero estaba claro que no podía eludir la cita con Ridley Scott y su intento de expandir un poco más el universo de Alien. El autor de la crítica, que es la que más me ha molestado de las que he leído, no solo ha utilizado ésta como un medio para despellejar a Damon Lindelof, que no es el principal responsable del guión aunque sí colabora en él, sino que además ha insultado abiertamente a toda una generación de espectadores, porque él puede.

Seguramente, en un intento de defenderla, acabaré criticándola como el que más, porque el guión de Prometheus es bastante malo. No me parece una película brillante, y tampoco el mejor blockbuster del año (ha tenido una fuerte competencia). Aunque salí del cine contento, cuanto más la medito y más leo sobre ella, peor me parece. Sin embargo, es cierto que pocas películas comerciales de ciencia ficción son capaces de aguantar un análisis exhaustivo, y el “mucho abarca y poco aprieta” y las pretensiones del film han enfurecido a los fans de la original, que han empezado a enumerar defectos como si les fuera la vida en ello. Unos verdaderamente reseñables y otros no tanto.

Digamos que en cierto momento de la película, los personajes se encuentran con un bicho/cosa/criatura de aspecto amenazante. Vosotros, yo y cualquiera de los espectadores de Prometheus habríamos salido por patas al verlo aparecer. En cambio, los protagonistas, que acaban de llegar a un planeta desconocido, actúan más bien como si hubieran visto un cachorrito recién nacido. Obviamente, se comportan como unos estúpidos, pero ¿acaso no hacían lo mismo en Alien los protagonistas cuando trataban de capturar al bicho con una red? ¿No es un recurso explotado hasta la saciedad en el cine de suspense para crear tensión en el espectador?

Es un detalle perdonable (y yo creía que un recurso comúnmente aceptado), pero que no se pasa por alto porque buscar fallos en el guión de Prometheus es un juego tan divertido que todo el mundo se apunta. No hay más que leer los comentarios de cualquier blog o leer las críticas de la película en FilmAffinity. Y, aunque tiene unos cuantos agujeros, algunos no son tan garrafales y muchos tienen su explicación a pesar de que no se verbalice. El lector, saturado de una crítica tras otra enumerada, acaba pensando que la película es directamente una mierda, y tampoco es así. La cinta de Ridley Scott, aparte de ser visualmente apabullante (algo que todos dábamos por sentado), es muy entretenida, tiene momentos de verdadera tensión (y una escena inolvidable) y tiene a Michael Fassbender brindándonos otra interpretación sobresaliente (y ya van...). Yo la encontré satisfactoria a pesar de todo.

También es cierto que soy de los que prefieren no detenerse a valorar cada elemento del guión a sabiendas de que eso me puede impedir disfrutar todo lo que podría, pero encuentro más negativo, por ejemplo, que un par de momentos de la película sean forzadamente dramáticos y den más bien risa, o que el personaje de Fassbender sea el único al que han conseguido dotar de complejidad.

Y, aunque Alien tampoco tuvo ni un solo personaje mínimamente profundo, también es cierto que nunca lo pretendió. Si es un clásico del cine y ha pasado a la historia es porque consiguió todo lo que pretendía: una tensión creciente y un ambiente sobrecogedor que dura hasta el último minuto del metraje. Prometheus pretendía más y se queda a medias: quería también crear tensión (y lo consigue, aunque solo en momentos puntuales), plantear cuestiones religiosas y sobre la identidad humana (y las plantea, aunque no las responde), tener unos personajes profundos (y salvo los dos protagonistas, el resto son muy planos) y explicar el origen de los aliens (y lo hace, aunque en mi opinión no era necesario). Pero hay que ser conscientes también de que está planteada como una trilogía, así que habrá que ver hacia dónde nos lleva el viaje y si se llenan los agujeros que ahora todos señalamos.