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viernes, 12 de abril de 2013

La "tragedia" del McKinley

El género en el que se circunscribe Glee (comedia musical) es relativo. Ya lo ha demostrado más de una vez al tratar temas como el bullying, la anorexia o el suicidio adolescente. Unos con más acierto que otros, y siempre permitiéndose a sí misma hacer comentarios sarcásticos burlándose de las tragedias de los personajes, pero todos estos temas han hecho que la serie haya navegado por derroteros más dramáticos. Choca y desconcierta, pues se supone que Glee debe ser un guilty pleasure que durante cuarenta minutos nos entretenga con tramas locas y desenfadadas y covers de clásicos de la música y hits del momento, pero es comprensible porque desde el primer momento ha tratado de transmitir un mensaje positivo de integración que en última instancia sea educativo para los adolescentes que la ven.

Como entretenimiento ligero, esta temporada lo está haciendo muy bien. Como ya comente hace no mucho, este año se están currando los números musicales y armando coreografías que son francamente divertidas. Además, hace un par de semanas Jane Lynch demostró que los one liners de Sue siguen en plena forma y no sin cierta vergüenza admito que, al contrario que otras temporadas en las que me echaba las manos a la cabeza por lo malo que era lo que estaba viendo, este año me lo estoy pasando muy bien todas las semanas.

Spoilers de aquí en adelante.

Sin embargo, en el episodio que se emitió anoche en Estados Unidos (4.18 – Shooting Star), la serie se atrevió con un tema que desgraciadamente no deja nunca de estar de actualidad por esos lares: los tiroteos en institutos. Estoy seguro de que, como showrunner de la única serie de instituto que ahora mismo tiene cierta audiencia, Ryan Murphy se sentía obligado a hablar del tema y a aportar su punto de vista. Y el problema no es que introduzcan una trama como esta en la serie, algo más que respetable si transmiten ese nivel de angustia –lo consiguen y yo soy el primer sorprendido– y además enseñan a los espectadores cómo actuar en un caso como este –si obviamos el hecho de que los chicos son igual de silenciosos que una estampida de elefantes–, el problema es la repercusión que acaba teniendo.

Y el caso es que ninguna. Ningún personaje muere, cuando nadie habría echado de menos, por ejemplo, a Unique (lo siento, tenía que decirlo). De hecho, no mueren tan siquiera extras porque el disparo venía de Becky, la chica con síndrome de Down que es también la “protegida” de Sue Sylvester. Es decir, que la tensión generada viene de una amenaza que no era tal, y como espectador me siento casi estafado al final. Sue, decidida a proteger a Becky (algo que, sorprendentemente al hablar de Glee es muy coherente con el personaje) confiesa que la pistola es suya y la había disparado por error. El hecho de que un profesor tenga una pistola implica su despido automático, y en el caso de la jefa de las animadoras no iba a ser menos. Por lo visto, Jane Lynch abandona Glee, pues su salida no parece reversible. ¿Era la trama del tiroteo una excusa para darle una salida al personaje por todo lo alto? Aunque el resultado haya sido un pelín chusco se agradece que Sue se vaya como un personaje al que echaremos de menos y que no la hayan sacado de la serie con una trama ridícula.

Por supuesto, Shooting Star hace gala de otros muchos de los defectos de Glee: tramas que vienen de la nada (la entrenadora y su cuelgue por Will), comportamientos estúpidos (que todos empiecen a cantar canciones de despedida porque Brittany ha anunciado que un meteorito va a impactar en la tierra cuando en realidad nadie la cree) y desaprovechamiento de oportunidades (la “chica” con la que chatea Ryder tenía toda la pinta de ser un pedófilo pero todo apunta a que se tratará de uno de sus compañeros). En resumen, que es una trama innecesaria, que no es en ningún caso un game changer (sino más bien un evento para atraer audiencia) y que no causará ninguna secuela a los protagonistas, puesto que todo se ha resuelto sin víctimas y dentro de dos episodios (o tratándose de Glee, en uno) estará completamente olvidado.

jueves, 14 de marzo de 2013

¡Qué fácil soy!

Soy un espectador fácil, y cada vez me doy más cuenta de ello. Por si la cantidad de series que sigo a la semana no fuese ya una prueba matemática de esto, últimamente ciertos detalles en las series que sigo me han hecho darme cuenta de que da igual lo previsibles, forzadas o facilonas que puedan llegar a ser de vez en cuando, que disfruto como un enano cuando lo son.


(Spoilers hasta el 2x09) En los últimos episodios emitidos de Girls, el personaje de Hannah no atraviesa por un buen momento. Se encuentra completamente sola y, además, ha aflorado en ella un trastorno obsesivo compulsivo que muchos han tachado de innecesario. Probablemente lo sea, y había métodos más sutiles para mostrarnos su sentimiento de abandono, pero funciona, igual que funcionó esa llamada telefónica que intercambiaron ella y Marnie. Y es que Girls lleva varias semanas doliendo de lo cercana que es (y todo esto sin dejar de ser una comedia).


Muchos no lo entenderán, pero estoy poniéndome al día con Elementary y pasándomelo realmente bien con ella. La adaptación (muy) libre de las novelas de Conan Doyle puede haberse subido al carro del éxito de Sherlock, pero no tiene nada que ver con ésta y las comparaciones se hacen cansinas. Elementary es una nueva Castle, aunque bastante mejor. Los casos no están mal, y me gusta lo cuidada que está la fotografía, pero si por algo sigo con ella es por la relación entre Sherlock y Joan. Jonny Lee Miller y Lucy Liu están geniales en sus papeles y, aunque ya sabemos el camino que tarde o temprano recorrerán, los pequeños momentos que comparten en los episodios ya hacen que el resto merezca la pena.


Tres cuartos de lo mismo me pasa con The Americans, aunque esta está varios peldaños por encima. En mi opinión, el mejor estreno de lo que llevamos de temporada. Puede que las tramas no sean todo lo tensas que podrían (aunque el sexto episodio mejoró mucho en ese aspecto y esperemos que sigan por ahí), pero la trama familiar está francamente bien, y Matthew Rhys y Keri Russell también. La relación de desconfianza doméstica y diaria de este falso matrimonio de espías encubiertos está dejando grandes momentos, pese a que muchos sean de manual.


Matthew Perry está insoportable en Go On a ratos, en eso estamos de acuerdo, pero la serie de este grupo de autoayuda es tan entrañable que soy incapaz de dejarla. Y es cierto que no siempre es carcajeante (casi nunca, de hecho) y que algunos personajes son lamentables, pero se ponen en grupo a hacer cualquier idiotez y me tienen ganado. Además, las apariciones de Lauren Graham y (próximamente) de Courteney Cox, más por lo que significan que por cómo las llevan a cabo, son también ejemplos de esos momentos facilones que me ganan como espectador.


Los personajes de Glee han dado tantas vueltas sobre sí mismos que poco sentido se puede esperar ya de ella -¡como si alguna vez lo hubiera tenido!-, pero aparte de la locura que es en sí misma tiene números musicales geniales que no aportan nada a la trama pero son entretenidos de ver. No se puede decir lo mismo de Smash, que llegó el año pasado prometiendo ser buena y no lo fue, pero que al menos era muy risible. Ahora simplemente es un coñazo.

Y ejemplos de series que no tienen el mejor guión del mundo pero lo compensan a base de momentazos hay muchos más. Homeland y Dexter, por ejemplo, pero de esas no voy a volver a hablar para no repetirme.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Votando en los People's Choice Awards

Los críticos son unos pedantes, los académicos unos viejos... La solución, si queremos que nuestras películas y actores favoritos sean reconocidos, está delante de nuestras narices: ¡los People Choice Awards! Los premios a través de los cuáles los espectadores, que somos quienes verdaderamente importamos, podemos expresar nuestras opiniones. Así que me dispongo a votar:


¡Luego dirán que la ciencia ficción es un género minoritario! Hay nominadas para todos los gustos: si somos romanticones (Spiderman), si nos va más un crudo dramón (Los juegos del hambre), si preferimos épica medieval (Blancanieves y la leyenda del cazador)... Tanta calidad junta hace que tarde un rato en decidirme, pero al final me decido por Blancanieves, que sufrí mucho con Kristen Stewart.


¡Por fin una vía de escape a la tiranía de Daniel Day-Lewis! El maquillaje de Johnny Depp en Sombras Tenebrosas en un combate a muerte contra la caracterización de Joseph Gordon-Levitt en Looper. ¡Esto sí es una categoría interesante! Aunque me decanto por Channing Tatum, que el drama humano que vive en Magic Mike lo merece.


Las interpretaciones más sufridas del año. ¡Ríete tú de Emmanuelle Riva! Voto por Mila Kunis porque es una auténtica robaescenas en Ted.


¡AAAAAH, VIEJAS! ¡Qué susto! Voto por Maggie Smith que todavía tiene ese punto de madurita interesante.


Un momento... ¡si son las mismas nominadas que en mejor película! ¡Y me han quitado a Blancanieves! ¿Ahora qué hago?


Joder, me partí de risa con Qué esperar cuando estás esperando, pero teniendo en cuenta que Sombras tenebrosas es la mejor película de la filmografía de Tim Burton no puedo votar por otra.


Channing Tatum es un gran actor, está claro, pero se le da mucho mejor el drama. Además, estando nominado Adam Sandler los demás no tienen opciones.


Iba a votar otra vez por Mila Kunis, pero han elegido la mejor foto que tenían de Jennifer Aniston y está irresistible.


¡Qué gran año de cine! Me sobra un poco Argo, pero por lo demás un nivelazo. Paso de categoría sin votar porque soy incapaz de decidirme entre Cuando te encuentre y Todos los días de mi vida. ¡Cómo lloré!


Vale que en Cuando te encuentre Zack Efron no está al nivel de su intepretación en High School Musical 2, pero de lo que no cabe duda es de que es un actorazo. Para él va mi voto.


Otra vez las mismas nominadas que en mejor película y otra vez falta Blancanieves. ¡Si seguro que hacen segunda parte! ¿Por qué no la han metido? En fin, hay que reconocer que Madagascar sigue en plena forma, así que para ella va mi voto.


El triángulo amoroso de Los Juegos del Hambre es uno de los más tensos que se han visto en el cine últimamente. Saltaban chispas.


Ay, qué penica los fans de Harry Potter que ya se les ha acabado la saga y no han dicho nada de remakes, ni precuelas, ni nada. Me solidarizo y les voto (aunque todos sabemos que Crepúsculo es mejor).


Uf, ¡menos mal que aquí se han acordado de Glee! Me cabreé mucho cuando el año pasado no la nominaron a los Emmy y sí a la chorrada esa de Girls.


Voto por Gossip Girl, obviamente. ¡Ay, no estoy preparado para que se acabe!


A Melissa & Joey solo le falta Salem para ser perfecta.


No entiendo qué hace aquí nominada The Walking Dead, la verdad. Voto por Pretty Little Liars, que cada año está mejor escrita. (Y menos mal que no han nominado a Mad Men, ¡qué pesadez!)


En esta categoría no voto, que todas las series son muy malas.


La adrenalina que descargo viendo Navy: Investigación Criminal no se paga con dinero.


Ay, y lo que me río yo con Chris Colfer en Glee no es ni medio normal. No como con el soso de Ty Burrell.

En serio, no sé qué hace la gente prestando atención a los Oscar todos los años, que siempre premian películas que no ve nadie. ¡El año pasado le dieron el premio a una película muda en blanco y negro, en pleno siglo XXI! De vergüenza, en serio. Aunque bueno, los People's Choice tampoco son perfectos: este año se han olvidado de Dos hombres y medio y Project X.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Los coristas del mal

Hace tiempo que Glee, la comedia adolescente de Ryan Murphy (Nip/Tuck, American Horror Story, Popular), perdió el toque que hizo que durante su primera temporada la crítica y el público se rindiesen a sus pies. Si empezó versionando a Queen y a Journey, últimamente abundaban más los temas de Selena Gomez o The Wanted. Además, pasaron de parodiar los tópicos del género teen a simplemente utilizarlos, por lo que su calidad es difícilmente reivindicable. Otra cosa es que la ficción siguiese siendo más o menos entretenida, que estuviera por ahí Dianna Agron (cuyo personaje ha sido maltratado, vapuleado y ridiculizado por los guionistas de todas las maneras posibles) y que Gwyneth Paltrow hiciese cameos durante la segunda temporada. Sea como sea, la serie se ha plantado en la cuarta temporada y aquí sigo yo para verlo. Y, la verdad, no ha empezado nada mal.

Vale, sí, sigue teniendo sus cosas: quiero asesinar cruelmente a Unique y sus dejes de negra chunga, y entre los temas que interpretaron se encuentra el odioso Call Me Maybe con el que la radio nos ha martilleado todo el verano o un cruce entre Americano y el vergonzoso Dance Again de Pitbull y JLo, pero lo solucionaron al final con una versión de Imagine Dragons y Chasing Pavements (la voz de Marley, la chica nueva, es buenísima, por cierto). 

Sea como sea, y dejando a un lado las canciones, el episodio de regreso es bastante potable. Quizá no para tirar cohetes, pero no ha sido el caos que me esperaba. Me explico: al final de la temporada pasada, los personajes se desperdigaron por la geografía estadounidense tras acabar el instituto, pero Ryan Murphy decidió mantener a todo el reparto original en la serie, así que es de esperar que nos vayan mostrando cómo transcurre la vida de los personajes antigüos intercalándolo con la rutina de Ohio. Y este esquema podía resultar desastroso y la serie corría el riesgo de convertirse en un batiburrillo de historias absolutamente inconexas, pero de momento han conseguido que las vidas de Rachel y Kurt sigan vinculadas al McKinley de manera bastante orgánica.

Los personajes nuevos, por otro lado, son suficientemente interesantes por el momento. Bueno, en realidad es Marley la única que me interesa, porque el hermano de Puck es a todas luces una nueva versión de éste y la animadora viene a ser, como la define Sue, una joven Quinn sin embarazos, trastornos de personalidad ni sillas de ruedas. Puede convertirse en una versión mejorada si no se les va la cabeza a la hora de desarrollarla, pero la actriz no tiene ni la mitad de carisma que Agron. Marley, en cambio, es algo diferente del personaje que viene a sustituir (Rachel), y eso le suma puntos. Además, la trama de su madre en el episodio ha sido muy emotiva.

En resumen, que de momento no voy a dejar Glee porque no ha sido vergonzosa, porque la parte de la trama que transcurre en Nueva York puede ser interesante y porque puede que se marquen una temporada más decente que las dos anteriores. El punto de partida es bueno, así que esperemos que no se pierdan y dejen de ser un procedimental sentimental, pero es difícil confiar en ese genio malvado que es su creador.

miércoles, 6 de junio de 2012

Meme: Despidiendo la temporada 2011/12


Ahora que ya veo la televisión a ritmo USA, puedo hacer una de las cosas que más envidia me daba años atrás de los blogs seriéfilos: ¡memes! Como este año Adri no se ha animado a lanzar uno para despedir la temporada, LiPooh ha tenido a bien reciclar el que propuso el año pasado, y otros blogueros hemos decidido seguirle, así que ahí va mi repaso a lo que ha dado de sí la temporada 2011/12.

La novata que nunca debió existir: Smash. No ya porque la serie sea mala, sino porque todas las discusiones en torno a ella han sido tan insoportables que la NBC nos habría hecho un favor si hubiera apostado por cualquier otra serie para que fuera su gran éxito de la temporada.

La que ha perdido fuelle: The Big Bang Theory empezó la temporada muy centrada y bastante más divertida que otros años, pero con el paso de los episodios la pereza que me daba ponerme a ver el capítulo semanal iba en aumento y aún tengo los cinco o seis últimos episodios pendientes. Este verano me los quitaré de encima.

La que sigues con más pasión: La temporada ha tenido altibajos y no ha brillado tanto como las anteriores, pero Fringe sigue planteando temas muy interesantes. Además, han sabido enderezar bastante las cosas en su recta final y solucionar los pocos fallos que yo le vi. Ahora que los personajes vuelven en parte a ser quienes eran, sigue siendo mi favorita, y sufro pensando que en diciembre se nos acaba.

La gran decepción: Bones, casi como The Big Bang Theory, empezó fuerte este año con un par de episodios potentes. La nueva “dinámica” de los protagonistas apuntaba maneras, pero al final ha acabado teniendo muchísimos episodios aburridos, con alguno más inspirado a mitad de la temporada. Pero todo bastante olvidable.

La que te ha sorprendido gratamente: 2 Broke Girls. Será una comedia chorra y simple como el mecanismo de un botijo, pero me río a carcajadas con ella. Y mira que los guiones son siempre iguales (dobles sentidos sexuales, humor escatológico...), pero la química entre las dos protagonistas es genial, y los secundarios han ido mejorando bastante.

La que te llamaba mucho pero no seguiste con ella: Vi los primeros siete episodios de Homeland y me parecieron magníficos. Sobre todo el séptimo, el último que vi, que no dejaba muy claro por dónde iba a ir la serie a partir de ese momento. Por eso no entiendo cómo no he terminado de verla todavía para poder unirme a aquellos que dicen que es el mejor estreno del año. Los cinco últimos capítulos son una de mis prioridades veraniegas. Y Alcatraz no sería lo que se esperaba de ella, pero era un procedimental entretenido con un tono muy interesante, y también la dejé a cinco episodios del final.

La cansina: Glee ha sido bastante insoportable este año. Como siempre, vamos, pero en peor. Mención especial a momentos vergonzantes como el milagro de Quinn o el episodio en el que decidieron cantar en español y eligieron grandes éxitos de nuestra cultura como La cucaracha y Bamboleo. Pero bueno, además de irritante, también sirve para echarse una risas con sus WTF? No me voy a quejar mucho cuando la sigo viendo (y una pequeña parte de mí la disfruta).

La miniserie: The Fades tiene un final abierto muy dañino, pero en realidad cierra casi todas las tramas que plantea en sus seis únicos episodios. Me duele menos engañarme a mi mismo tomándomela como una miniserie que como una primera temporada con mucho potencial. Mención aparte a otra joya británica, la perturbante Black Mirror.

La que no pensabas que te gustaría: American Horror Story. Ryan Murphy no es una referencia muy fiable (véase Glee), pero su perturbada cabeza puede producir grandeza pura en géneros como el terror. Mucha demencia que acaba convirtiéndose en un drama consistente (quién lo diría), cientos de homenajes al cine de terror (y a Bitelchús) y Evan Peters y Taissa Farmiga, a los que espero ver en muchos papeles a partir de ahora, en un reparto capitaneado por Jessica Lange, que brilla con luz propia.

La nueva serie que recomiendas: Once Upon a Time puede ser ñoña e infantil a ratos, lo admito, pero las vueltas de tuerca a los cuentos infantiles me han tenido enganchado todo el año, y la recta final de infarto que ha tenido ha sido de lo mejor de la temporada, en mi opinión. Aunque claro, para alabarla como es debido hay que olvidarse de la protagonista, una madre coraje de mentira obsesionada con muchas ideas preconcebidas.

La que sigue en buena forma: The Good Wife sigue siendo uno de los dramas más consistentes, elegantes, bien escritos e interpretados de la televisión. A lo mejor este año no ha sido tan trepidante como el pasado, pero la genialidad, el subtexto y las ganas de aplaudir han seguido estando ahí en cada escena. Emmy para la serie (a mejor drama y mejor comedia) y Emmy para Christine Baransky.

Una nueva con buena pinta: Este verano, The Newsroom, la nueva de Aaron Sorkin, es una cita ineludible. Y ya en otoño habrá que estar atentos a Last Resort, uno de los estrenos que mejor pinta tienen. En trailer anticipa una intriga muy bien conseguida. Y mi lado mamarracho está deseando reencontrarse con Terry O'Quinn y Vanessa Williams en esa especie de American Horror Story de saldo que parece que va a ser 666 Park Avenue.

La cancelación que has maldecido: The Fades. Me repito, pero es que era muy grande.

Ese cliffhanger malo para tu manicura: La recta final mediocre que ha tenido Revenge se nos ha olvidado a todos con ese pedazo de final de temporada. Han dejado 93501857 frentes abiertos.

Un momento para llorar: El Wonderful! Wonderful! con el que nos despedimos de Karen McCluskey en Mujeres Desesperadas. Y que Kathryn Joosten haya fallecido dos semanas después contribuye a que el momento sea incluso más mítico. DEP.

Un momento para reír: La season finale de Cougar Town ha estado sembrada. El momento “I've tried the wine before and... not a big fan” creo que no se me va a olvidar nunca. Y saber qué se hace en caso de empate en las elecciones de Pawnee confirma que a Parks & Recreation no hay comedia que le tosa, salvo Modern Family a veces (“Algún día, tus fans trabajarán para mis fans”).

Una escena memorable: La ducha de Girls. Aunque bueno, en el mismo episodio Marnie y Jessa protagonizan otro momentazo.

El rey de la serie: Aunque Schmidt haya sido para muchos el personaje revelación de la temporada, para mí, Nick Miller es, con perdón de Zooey Deschanel, el rey de New Girl.

#yoconfieso: que vi los dos últimos episodios de House saltándome unos cuantos de los anteriores porque la octava temporada se me estaba haciendo muy cuesta arriba. Pero a mí me gustó mucho el final de la serie, bastante más que al resto de la blogosfera, por lo que he leído.

Tú sobras: Tom de Parks & Recreation y Declan de Revenge deben morir. Entre terribles sufrimientos.

La nueva serie que no veré ni loco: Nunca digas nunca, pero muy bien se tiene que hablar de 1600 Penn y de Malibu Country para que me anime a verlas.

And I will always love you: Olivia Dunham, FBI. Espero que Anna Torv aparezca en todos los episodios de la última temporada, señores de Fringe. Y sí, es una amenaza.