miércoles, 15 de mayo de 2013

Todos somos Ted Mosby

Si no has terminado de ver la octava temporada de HIMYM, es mejor que no sigas leyendo.

Puede que tenga risas enlatadas y se emita en CBS, pero Cómo conocí a vuestra madre no ha sido nunca una comedia corriente. Su premisa, que no era más que un MacGuffin, sirvió para darle un toque distintivo a una sitcom que durante tres temporadas lo fue todo, pero también ha obligado a quienes ya no se ríen lo más mínimo con los episodios a aguantar las andanzas de Ted y sus amigos durante ocho años. Como si, al descubrirse la madre, fueran a sentir que el tiempo invertido había valido la pena. Puedo entender cierta curiosidad por conocer la figura que da sentido a los desvaríos amorosos de Ted, pero siendo un personaje al que la mayor parte del mundo odia (desproporcionada e injustificadamente en mi opinión) no comprendo a qué viene tal ansia por ponerle cara a su futura esposa.

Porque la madre, como mera excusa que es, no es un personaje sino una idea. Tal vez ahora que han revelado el misterio un año antes de que acabe la serie puedan darle consistencia e integrarla en la pandilla, o puede que aunque Ted la conozca en la boda de Robin y Barney no se dé cuenta hasta más tarde de que es la mujer de su vida. Sea como sea, su importancia en la historia es mínima, pues Cómo conocí a vuestra madre (que cada vez es menos comedia y más drama) narra el crecimiento vital de Ted, Robin, Lily, Marshall y Barney, y es en lo que se debe centrar.

Por eso el final de temporada lo hizo tan bien en ese sentido. Con la supuesta disgregación de los protagonistas que luego no será tal (Lily y Marshall a Roma, Ted a Chicago) hubo un momento en el que incluso me recordaron al final de Friends, y no me extrañaría que el punto final de la historia, que será dentro de un año por estas fechas, sea igual de triste que el de su mayor referente: la vida llevará a cada uno de los personajes por su lado y sólo se reunirán para el maratón de Star Wars de rigor o en Acción de Gracias. Sea como sea, ver cómo todos ellos van avanzando y no se quedan estancados en el estereotipo con el que fueron dibujados hace ocho años es uno de los aspectos más gratificantes de Cómo conocí a vuestra madre ahora que el humor no siempre funciona.

Esta temporada ha tenido episodios muy buenos: “Who Wants To Be a Godfather?” y el juego que Marshall y Lily se sacan de la manga para elegir al padrino de su hijo, “The Time Travellers” y esa escena final que nos recuerda que todos somos Ted Mosby, “P.S. I Love You” y el enésimo giro a Robin Sparkles, además de cualquier episodio que involucrara a El Capitán (el personaje interpretado por Kyle MacLachlan) o a Robin gritándole como una posesa a su compañera de trabajo Patrice. Cobie Smulders, por cierto, se ha revelado en cuanto los guionistas le han dado cierta cancha como la mejor baza de la serie, y cada gag en el que se veía envuelta era oro puro.

Pese a todo, también hemos podido ver este año episodios muy flojos, con chistes que daba la sensación de haber oído mil veces dentro y fuera de la sitcom y contados con mayor acierto. Además, la relación de Robin y Barney, que nunca me han gustado demasiado juntos (aunque con “The Final Page” consiguieron implicarme ligeramente), ha estado bastante mal llevada hacia el final. Entre “The Bro Mitzvah”, donde el grupo –Robin Incluida– le organiza una despedida de soltero a Barney anticipando que se gastará el dinero de ésta y venderá a uno de sus amigos; y “Something Old”, en el que nos recuerdan por enésima vez que Ted quiere mucho más a Robin de lo que Barney lo hará nunca, me pregunto si los guionistas se dan cuenta  de hasta qué punto están forzando las cosas. Muy bien lo van a tener que hacer con la madre para convencernos de que Ted ha olvidado a la chica con la que lleva obsesionado ocho años, y en cuanto a la boda de Robin y Barney, ya no hay manera de que pase por el aro.

Aun así, el balance sigue siendo positivo. Sigo riéndome y sigo teniéndoles mucho cariño a los protagonistas, y en septiembre afrontaré la novena y última temporada con las mismas ganas de antaño.

No hay comentarios: