lunes, 6 de mayo de 2013

El club de los idiotas muertos



Puede que en el cine, un thriller de asesinos en serie pueda funcionar sin que los personajes nos importen lo más mínimo. Si nos hacen pasar una hora y media entretenidos y el final es mínimamente sorprendente, pueden dejarnos un buen sabor de boca. Pero está claro que la televisión es un medio completamente distinto, y que para que una historia funcione, se encuadre bajo el género que sea, debe tener unos personajes que generen cierto interés o con los que al menos podamos simpatizar. Repasando este párrafo, The Following falla no solo por la ausencia de personajes potentes, sino también porque su final de temporada no ha sido para nada sorprendente.

Diría que llegar hasta este punto ha sido una agonía, pero mentiría. Si he perdido quince horas de mi vida viendo cómo Ryan Hardy perseguía a Joe Carroll de la manera más torpe posible es porque me reía mucho. Los agentes del FBI, capitaneados por el personaje interpretado por Kevin Bacon, corren por el bosque como pollos sin cabeza, incapaces de cumplir una sola de las misiones de esta primera temporada sin varias bajas de agentes y civiles. Una panda de inútiles como pocas se han visto en televisión. Y cuando el único recurso que tiene una serie para alargar las tramas es la estupidez de los personajes, malo. Si de vez en cuando The Following nos regalara un comentario autoconsciente hasta la respetaría, pero está claro que semejante retraso mental por parte de los personajes (de un bando u otro) es fruto únicamente de la sequía creativa.

Los guionistas no han sabido hacer avanzar las tramas más allá de la persecución que proponían en el piloto, y por el camino tampoco nos han contado nada interesante. El trío de psicópatas que se formó al principio de la serie prometía, y si los guionistas hubieran querido podrían haber dado para mucho más, pero por supuesto Kevin Williamson no ha sabido darse cuenta de que los discípulos superaban al maestro y la irrelevancia que al final han tenido éstos en el cómputo global, funcionando como meras comparsas de Carroll (un James Purefoy cuyo único recurso interpretativo es sonreír mucho mientras dice cosas siniestras) lo deja muy claro.

The Following es una serie mala que ha tenido un final a su altura, solo que bastante más aburrido de lo normal. Todo muy intenso, todo muy fallido. Si a lo largo de los episodios no hemos podido conectar con ningún personaje (y mucho menos dentro del FBI), difícilmente puede importarnos lo que les pase. El cliffhanger con el que pretenden dejarnos expectantes hasta enero, por cierto, se ve venir desde el 'previously on', y la forma en que se desarrolla es muy risible. Aunque sinceramente me ha servido para recordar las cotas de mamarrachismo que esta serie ha alcanzado a lo largo de su temporada de presentación. Todavía no tengo muy claro si volveré en 2014 en busca de más humor involuntario o aprovecharé este final de temporada para darle carpetazo, pero lo cierto es que algo tan esperpéntico como The Following va a ser difícil de olvidar.

Por cierto, la cara de perdonavidas de Kevin Bacon revela que el actor está convencido de que le caerá una nominación en los próximos Emmy. Espero que si ocurre sea a mejor actor de comedia, porque de otra manera estos premios perderán toda su credibilidad.

1 comentario:

Liz dijo...

Muy deacuerdito con todo si señor. Estoy segura que mi crítica será mas demoledora xD