jueves, 21 de febrero de 2013

¿En la mente del asesino?

Una vez acabada la genial The Closer, Kyra Sedgwick se iba al paro (voluntariamente) y le cedía el testigo a su marido, Kevin Bacon, para que pudiera trabajar en televisión. Fruto de este relevo es The Following, la nueva serie de Fox para esta midseason que narra el duelo entre un ex agente del FBI, Ryan Hardy, y Joe Carroll, un asesino en serie obsesionado con la literatura de Edgar Allan Poe que durante su tiempo en prisión logró a través de internet crear una red de seguidores dispuestos a hacer lo que sea para complacerle. El objetivo de Hardy es eliminar a los miembros de esta secta de psicópatas, que andan sueltos por ahí cometiendo crímenes bajo las órdenes de Carroll, y que desde el primer momento le llevan amplia ventaja.

De hecho, si algo caracteriza a The Following desde el piloto es la ineptitud de los miembros del FBI. Eso y los sustos de manual. Williamson, que aparte de ser el responsable de dramas adolescentes televisivos como Dawson Crece y The Secret Circle es el creador de la saga Scream, no escatima en subidas repentinas de volumen y golpes de efecto para sobresaltar al espectador, algo poco habitual en el medio televisivo y que en cierto modo es refrescante. Sin embargo, quienes esperábamos que The Following fuera una serie adulta (la Awake o The Chicago Code de este año) estábamos muy equivocados, porque el vehículo de lucimiento de Bacon no pasa de ser un entretenimiento de primera, con cliffhangers muy efectivos y un buen ritmo.

Esto no sería un problema si la serie no tuviese más pretensiones, pero por lo visto quiere hacer un retrato de la psique de estos asesinos que la mayoría de veces se queda a medias. En palabras de los propios psicópatas, matan “porque pueden” y porque al perder la vida la víctima “la suya cobra sentido”, justificaciones muy pobres que demuestran que la serie no inventa ni aporta demasiado. Además, los guionistas no son propensos a cuidar los detalles, y los personajes actúan con astucia o torpeza al servicio de la trama y los giros de guión, se espían a través de las puertas sin ningún tipo de disimulo o cambian de opinión sin motivos aparentes.

Pero hay que reconocer que cuando quiere The Following puede llegar a ser muy perturbadora. El cuarto episodio, el mejor de los cinco que llevamos, logró dejarme muy mal cuerpo ayudándose de un marcapasos y unos imanes. Además, el trío de psicópatas que tienen secuestrado al hijo de Carroll y que intentan pasarlo al lado oscuro (la escena en la que le incitan a matar animales también es bastante buena) han establecido una relación muy peculiar que siempre acaba siendo lo mejor del episodio. La persecución policíaca, por el contrario, flaquea, pues las sorpresas del episodio muchas veces se ven venir a la legua, el personaje principal es un tópico andante (James Purefoy le da mil vueltas a Bacon) y los secundarios son más bien planos.

Todo esto no es un obstáculo para que The Following sea endiabladamente entretenida y los cuarenta minutos del episodio se pasen volando, que al fin y al cabo es lo que cuenta. Poco a poco la ficción va cogiendo cuerpo y abandonando el esquema procedimental fallido de los primeros capítulos, pero de momento no se puede pasar por alto lo mediocre y convencional que es en el fondo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy muy de acuerdo contigo en casi todo excepto en que a mi ni me llega a convencer ni entretener lo suficiente como para seguir con ella, de momento la dejo aparcada despues de haber visto los 3 primeros capitulos.

Diego Martínez Fernández dijo...

Es que hay muy poco salvable en la serie. Pero, como digo, con todos sus fallos a mí me tiene bastante enganchado.